Peñascal, rosado

 

Estuche benjamin

He abierto un regalo que tenía pendiente de probar. Se trata de una botella de Peñascal rosado, un vino de aguja de la zona de la Laguna de Duero (Valladolid) que tiene demasiada fuerza.

 

Lo puedes encontrar en cualquier gran superficie y casi siempre está en oferta. No está mal pero se excede con las notas alcohólicas que genera en la boca y, además, anula todos los buenos sabores que parece podría esconder la botella. Yo es que no los pillo. No es para nada un vino elegante al paladar ni sutil para compartirlo con una dama de alta escuela que te diría mirándote a los ojos que un Lambrusco está mucho mejor. Animalica, debe progresar. Pero, por lo demás, no deja de ser un vino aceptable para tomarlo muy frío y acompañarlo con un arroz con costra, arroz a secas o una lasagna vegetal (la del Mercadona está muy buena) y confiar con fe en Mourinho para que no se te suba a la cabeza.

 

No hay que exigirle demasiadas cosas a la vida.

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