Puerta Vieja, crianza 2009

 

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Viene el otoño y las casas se inundan de frío mañanero y la vendimia llega a su fin y los caldos de la pasada cosecha están casi listos para probar ¿No es hora de celebrarlo? Con este positivismo innato que te ofrece el otoño quiero probar un vino clásico de los de toda la vida. Y es que hay que ir abriendo boca a todo lo que se vislumbra en el horizonte y que se puede catar.

En esta ocasión me he decantado por un Rioja: Puerta Vieja, crianza 2009. Lo he encontrado a un buen precio y, pretendiendo resumir con la ingenuidad y humildad que me caracteriza, afirmo que me ha gustado. Sí.

Es un vino con fuerza, buen cuerpo, olor y sabor potente. Yo diría que es un rioja de los de antes, de los que los abuelos sacaban a hurtadillas para echarse un trago y luego te ofrecían una copa del barato. Estas dos cosas no han cambiado con el paso de los años ni de los tiempos. La mezcla de variedades como el tempranillo, el mazuelo y el graciano conjugan a la mil maravillas. Y luego si lo dejan 18 meses en barricas de roble americano ni te cuento.

Es un vino sin grandes pretensiones, fiel a ese objetivo desde el cambio de estación. Cumple con creces si lo que persigues es un vino agradable para acompasar una relajada charla entre viejos amigos que no buscan cambiar su mundo. Un vino par el día a día.

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