Flor de Indalia

 

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El Viernes Santo regaló una hermosa velada de sueños y vinos junto a María Enma y Oscar, y sacó a la mesa esta curiosa botella recomendada por Alfonso. Flor de Indalia es un nuevo vino blanco almeriense para aventureros de los nuevos proyectos y sus técnicas de elaboración con un packaging más que envidiable.

 

El pueblo de Padules siempre ha tenido fama de elaborar buenos caldos en la provincia Almería. Cambian los productores luchando por crear una buena marca de calidad, quizá porque a pocos kilómetros bajan las curvas de la carretera hacia el valle de Laujar para agarrarse de la mano. ¡Qué mareo! Este vino presenta un color amarillo verdoso y nada más abrirlo inunda de frutas nobles la copa. Mmm, esto promete. En boca presenta buen cuerpo y los afrutados a manzana junto a los cítricos inundan la boca. Pero de repente, en ese estado bucólico de placer en el que entornas los ojos y comienzas a imaginar en campos verdes y bellas mujeres ligeras de ropa correteando al viento, notas que algo extraño sucede.

 

Un golpe seco. Zas, en toda la boca. Y a continuación te das cuenta que ya no existe sabor a cítricos, ni notas alcohólicas en la boca. Ya no hay nada ¿Pero qué ha pasado? El vino apenas tiene postgusto y una ausencia peligrosa de alcohol. La prueba determinante fue que, tras ingerir por completo la botella entre dos catadores, logramos no perder la orientación a la hora de regresar a casa. Quizá regresamos guiados por una extraña mano divina. Tarea de Dios.

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