Pescado contra el colesterol: Café Bar Indalo

Dirán que abusamos de la raspa, pero en mi última analítica el colesterol rayaba lo imprudente y el ínclito doctor Ventura me aconsejó el consumo de pescado por aquello de los beneficios asociados al Omega 3 . Todo esto sin contar con las vitaminas que posee y minerales como el calcio, el yodo, el hierro, el potasio o el fósforo. Vamos, que ni las minas de Alquife.

Así que, dispuesto a cumplir con el tratamiento por prescripción facultativa, no encontré mejor opción que visitar una vez más el templo del pescado a la plancha en Almería: El Indalo.

Atentos los despistados, que este es otro de esos secretos que nos gusta compartir con nuestros lectores, no lo pregonen muy alto que luego se nos llena y el local anda corto de mesas.

Sito en la céntrica Rambla Alfareros, junto a la Puerta Purchena, tiene el bar de Manolo el encanto de lo simple, de que le sobran florituras salseras o cartas de diseño para encontrar su identidad, que ajustada a una ecuación sencilla, que no simple, formada por variables tan difíciles de conjugar como un producto de primera, un tiempo de plancha adecuado y una cerveza a la altura (la especial de Estrella de Levante, maridaje espectacular con los peces).

Las tapas las marca el mar (pescados frescos de la Bahía, nos recuerda la tarjeta del bar), que no es poco, concepto caprichoso que se ciñe a  lo que se haya dado mejor ese día en la barca. Por citar algo, a modo de orientación, se pueden encontrar rubios, brecas, pijotas, potas, filetes de bonito, gambas, brótolas, pargos, doradas, espetones, salmonetes…

Si hay dudas póngase en manos de Manolo y que él decida el itinerario.

Eso sí, si no gustan de las espinas absténgase: al Indalo se va a comer pescado y punto.

El género se ofrece seductor en una vitrina de cristal, ideal para ir señalando las piezas ronda tras ronda, sobre el consabido mostrador de latón del que somos tan devotos aquí. Si es un habitual del establecimiento reservará con antelación las tapas bajo riesgo de encontrarse sin nada a la hora de zampar, porque esto es como el mercado, donde una vez se ha vendido el producto se echa la persiana. Aquí los últimos no serán los primeros.

Un detalle más, de los importantes para los que pasamos horas apoyados en la barra: no hay televisor. Se agradece, ya que en un bar de tapas, concepto ruidoso de por sí, siempre sobra este aparato infernal que no sirve más que para distraer la atención de lo importante. Que tomen nota esos taberneros que tienen la pantalla siempre encendida con el volumen atronador emitiendo la penúltima corruptela política o el habitual partido de “furbol”.

Ah, se me olvidaba, estos días acabo de repetir la prueba del colesterol y tras el tratamiento de varias semanas prescrito por el doctor Ventura, no me queda otra que darle las gracias a Manolo y su medicina de escamas.

Lo del nombre, Indalo, es de lo más almeriense. Viene de una figura neolítica descubierta en Vélez-Blanco, que parece llevar un arco sobre su cabeza y que es un regalo ideal para quedar bien con las amistades a la vuelta de vacaciones. Amplio muestrario de las múltiples versiones del mismo hallarán en la decoración del local, algo kitch para mi gusto, una reforma no le sentaría mal.

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